Según el premiado poeta Óscar Petrel, el otoño en Concepción es el más lindo del mundo. En su aventura, notó la aventura general que pica el actuar de varios por acá. Como el acto aventurero de emprender una picada que se autodenomine ni más ni menos como ‘La Fuente Penquista’. Un chef patagón que llegó a Conce hace doce años y trajo, desde Punta Arenas, su gastronomía pasada a sur, colores y humedad fresca, para posicionar un lugar que con mucho más que comida, muestre la identidad local. Por cierto, aventura lograda (spoiler).

Tuvimos la experiencia de ir a conocer la prometedora Fuente Penquista de la calle O’Higgins, arteria central de nuestra ciudad. Apenas me pudo saludar el Pepo (José Estrada, dueño y creador), que a esa hora de las 7 de la tarde tenía el local lleno y con pedidos agolpados en la barra. Anotaba, hablaba por teléfono, reía, saludaba, me daba la mano, entregaba mechadas y platos de greda humeantes; un guiño cómplice por mi parte y nos ubicamos en el espacio reservado en su barra, a dos metros de un jovial e imbatible planchero.

Mientras el capitán del barco estaba ocupado, conversábamos de lo cálido que era el lugar, y justamente nos referíamos a la temperatura placentera que te da una cocina junto a la barra. Nuestro otoño es lindo pero bastante frío, entrar en la Fuente tiene ese premio; si caminaste varias cuadras por el centro para confirmar los rumores que seguramente ya has escuchado. Rápido nos vamos quitando los abrigos, y llegan dos jarritos enlozados como los que tenía mi mamá heredados de mi abuela, así mismito, saltaditos y todo; uno con el tinto de la casa muy frutal y tibio, el otro con cerveza para el hombrón que me acompañaba. La espera estaba cómoda, calentita y refrescante, al son de un buen DVD de Metallica, y mirando las fotos de los músicos penquistas que decoran el interior. No por nada, su eslogan es “La concepción del rock y los sánguches”.

Cuando nos enteramos de que iba a llegar una Pinza a nuestro rincón, de inmediato me imaginé que el mar estaría metido ahí, unas pinzas de jaiba y un caldo caliente de su propia cocción, seguramente aderezado con un poco limón, fue todo lo que, no muy originalmente, encuadré en mi cabeza y lengua. Afortunadamente me llevé una gran sorpresa. La Pinza llegó humeante en un plato de greda, hirviendo en un caldo lechoso y sutilmente picante (que no me esperaba) con varios pares de pinzas naranjitas y algo así como otras presas de color gris o verde que el vapor no me deja identificar aún, acompañado por unas cuantas tostadas que darían consistencia al plato que aún no podía descifrar.

Era un disparo de calor muy aromático, que tenía notas de especias frescas, había un aroma a frescura marina, y era obvio, si en frente mío tenía pinzas de jaiba. Cómo no, pero también había un extraño olor a bosque. Aún no sabía por qué, el vapor, era la camanchaca que no me dejaba distinguir lo que estaba delante de mis narices.

Disparábamos las fotos arrancando de la humareda para evitar el empañamiento del lente, y poder entregarles las mejores fotos posibles de este gran plato, que yo ya estoy por descubrir más menos entero, y cuando ya se despeja mi camino hacia él, voy cachando que salen changles, champiñones, setas, hongo de pino, que no me pregunten cómo, pero de alguna manera realmente ¡sabe a pino!, y varios otros de distintos colores, texturas y sabores que no puedo distinguir. Es un golpe; un golpe de mar y bosque, no puedo definirlo de otra manera. Es como que estuve cerca de la costa mientras lo probaba, de hecho es como estar en Lenga, Tumbes, Tomé o cualquier otra de las tantas caletas del Biobío, pero ahora; cuando el humedal se siente y suena más, cuando el bosque contiguo está más húmedo y se te mete en la nariz junto a la brisa marina parejito.

Mientras estamos terminando esa locura de plato se acerca el ‘Pepo’ y nos agarra una muy buena conversa que, felizmente, nos costó terminar en un buen par de horas. Entre medio nos reveló que es una ‘Pinza con Hongos de la Temporada’, y ahí estaba, así me hizo sentido todo. Para mí ese plato es como el otoño pero en Lenga. Ese día descubrí que las aventuras son para compartirlas. Acá en Conce el otoño se respira, se siente, se comparte, y gracias a esta aventura llamada Fuente Penquista ahora en Conce, el otoño también se come.

La Fuente Penquista está ubicada en O’Higgins 63, entre Prat y Serrano, y abren sus puertas desde las 13:00 hasta las 00:00 horas.